Somos humildes cuando nos interesa ser humildes.

Mucha gente cree que aquel que no tiene dinero sea probablemente mejor persona que aquel que sí tiene. Y a menudo las personas pudientes se ven manipuladas por esta razón llegando al punto que desconfían si realmente alguien les apreciará por su forma de ser o simplemente le adulan por ser ricos. No se puede despreciar a una persona porque tenga más dinero o más posibilidades que otras. El desprecio sólo lo merecen las personas dañinas, sin escrúpulos, las que por cualquier precio se venden para lograr sus objetivos aplastando a los demás. Tan admirable es una persona pobre y solidaria como una rica y humilde. La humildad es la única virtud que no se debe proclamar. La humildad es el reconocimiento de los defectos y de las imposibilidades. Y siempre está en proceso, porque nosotros estamos continuamente cambiando y evolucionando, nunca terminanos de experimentar, conocer y comprender, sólo una persona soberbia cree haber hecho y conocido todo. La humildad es la virtud de comprender que no somos más importantes que los demás, que no somos Dios, de aceptar que todos aprendemos de todos. Si en vez de presumir de humildes, dijéramos con transparencia “no soy humilde” estaríamos caminando hacia la humildad.

posted 8 months ago